El posthumanismo es una crítica radical al humanismo y una nueva forma de concebir el sujeto humano. Se considera que el humanismo tradicional ya no resulta apropiado para entender al ser humano tal como se halla estrechamente vinculado a todo lo que le rodea, ya sean otros seres vivos, el medio ambiente o las tecnologías. El posthumanismo es ontología porque representa una forma particular de entender la realidad. Es epistemología porque coherentemente con esta forma particular de entender la realidad, apuesta también por una conceptualización particular de cómo se accede al conocimiento. Y al mismo tiempo, el posthumanismo también implica un cierto posicionamiento ético.

El futuro de las humanidades exige una reformulación, un replanteamiento o incluso la superación del mismo pensamiento humanista del que han surgido. El posthumanismo constituye una respuesta a la denominada crisis y consecuente pérdida de relevancia de las humanidades (Braidotti, 2015). Es un importante desafío epistemológico para las ciencias sociales y humanas debido a los esquemas alternativos de pensamiento que desarrolla.

El posthumanismo no debe confundirse con el transhumanismo. Aunque ambas perspectivas comparten espacios en lo que se ha denominado la condición posthumana, la primera se basa en una crítica deconstructiva de la ontología y valores humanistas, mientras que la segunda consiste en esa filosofía que aboga por el uso de nuevas tecnologías para superar las limitaciones biológicas de los seres humanos. No son lo mismo puesto que el transhumanismo sigue aferrándose a los viejos valores humanistas que entienden a los seres humanos como un actor autónomo, plenamente consciente e intencional y con una superioridad inherente que lo coloca en el centro de la creación. Cuando hablamos de la condición posthumana a menudo pensamos en la figura del cyborg. El posthumanismo también tiene que ver con las implicaciones de los seres humanos con las nuevas tecnologías, pero no es sólo eso, ni es lo más importante para caracterizar o ejemplificar la condición posthumana. Lo que es realmente importante es la conciencia de que no somos lo que el viejo humanismo creía que éramos. No somos actores autónomos, ni plenamente conscientes e intencionales, y se considera como superada aquella máxima de Protagoras según la cual el ser humano es la medida de todas las cosas.

El posthumanismo es extremadamente crítico con la idea de entender a la humanidad en términos antropocéntricos, esencialistas y según el pensamiento cartesiano racional. Con estos enfoques, la visión que tenemos de los seres humanos experimenta una profunda transformación. Dentro de la ontología de cariz no dualista que caracteriza al posthumanismo, es en las relaciones más que en las entidades a lo que se atribuye una mayor importancia. Se entiende que las entidades o categorías elementales no establecen relaciones, sino que se constituyen a partir de relaciones. De hecho, no somos esencias, somos el resultado de un juego infinito de relaciones. Las entidades son momentos específicos de un flujo constante que se va construyendo en un espacio relacional complejo. De esta manera, el posthumanismo nos ayuda a entendernos dentro de un continuum con todo lo que nos rodea, totalmente interrelacionados, más que como unidades discretas y desconectadas.

  • Braidotti, Rosi, Lo posthumano, Barcelona: Gedisa, 2015